Educación en la oficina by Fernando Carranza.
Muchos de nosotros hemos abierto
los ojos con asombro frente a comportamientos que a todas luces no son
laboralmente aceptados. Por ejemplo: una compañera de trabajo que mezcla lo
personal con lo laboral, un compañero que no formaliza lo versado a través de
un correo, una jefa que no puede trabajar con compañeros varones porqué ha
tenido desencuentros sociales en un pretérito pasado y en consecuencia solo
contrata mujeres. Un asistente de selección que no respeta el espacio común, un
coordinador de marketing con doble discurso, un gerente de gestión humana con
doble moral que no humaniza la empresa y solo se dedica a las gestiones
administrativas del puesto. Adocenados que hacen comentarios machistas y vejan
la imagen femenina de sus compañeras. Hembras que se respetan vestidas con
sastre que arguyen hacer el trabajo mucho mejor que los hombres por tener
"sexto sentido" y forjan una segregación sexual de nuevo cuño
sosteniendo que las mujeres son "multitask" y los hombres no. Un
compañero de área que aprovechando tu ausencia contesta el celular corporativo
que te asigno la empresa; entre otros ejemplos que podrían decantar en una
visión dramatizada de las cosas.
En un país donde la policía se escapa de la policía...
Cuando la instrucción
universitaria no es suficiente obtendremos en el mercado laboral,
administradores, mercadólogos, abogados y contadores hábiles hasta el hastió.
Muy diligentes en sus funciones pero paradójicamente generadores de un mal
clima laboral.
Debemos tener en cuenta que una
oficina es un espacio compartido y contar con personal poco educado laboralmente
hablando será un obstáculo para trabajar en equipo. Por eso sostengo que en la
universidad se nos debería enseñar etiqueta empresarial e inteligencia social.
El desarrollo organizacional no debe limitarse a las capacitaciones
corporativas en habilidades duras sino a un mix entre habilidades transversales
y conocimientos prácticos. Existen reglas de convivencia social las cuales su
ausencia trascienden más allá del barrio o el condominio en el cual vivimos e
impactan en el ámbito laboral perjudicando las buenas praxis; sin embargo,
estas carencias no son avizoradas como un problema y se olvidan en un mar de
correos institucionales ante el beneplácito y la anuencia agazapada de los
analistas de desarrollo.
El escapismo del oficinista.
48 horas de trabajo a la semana
significa para muchos empleados un escarmiento y en coherencia con ello es que
llegando el día viernes optan por al escapismo festivo que prodiga el alcohol o
el desenfreno y fungen de autómatas decadentes. En contraposición, algunos
empleados más costumbristas optan por pasar tiempo con la esposa o los hijos
pero todos al fin convergen y recurren al éxodo rumbo a un lugar lejos de
oficina.
Siempre he sido un fervoroso
creyente que el clima laboral proviene de las cabezas; no obstante, por
experiencia sostengo que los colaboradores de rangos medios pueden aportar
mucho para que sus compañeros dentro de la misma cadena de mando se sientan
cómodos con la empresa.
Algunos pautas normativas que utilizo con mi equipo de
trabajo para fomentar la educación laboral:
1) Siempre contesta los correos.
2) Después de una reunión corporativa alguien debe
formalizar los puntos versados en un correo dirigido a todos los asistentes de
la reunión.
3) En la oficina está prohibido alzar la voz ya que este es
un espacio común.
4) Está prohibido los
chistes de género.
5) No existen mujeres
multitask, hombres y mujeres son iguales.
6) No existen machos peruanos que se respetan con todas las
patentes (prohibidos chistes machistas)
7) Cada miembro del equipo debe utilizar una agenda.
8) Saludo y despedido en la oficina y en los pasillos.
9) Gramática y Ortografía impecable. Prohibido correos
primariosos.
10) Prohibido hablar de la vida privada en oficina.
Fernando Carranza Escritor de domingos y feriados.

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