miércoles, 30 de agosto de 2017

Fernando Carranza Vásquez.

Educación en la oficina by Fernando Carranza.

Muchos de nosotros hemos abierto los ojos con asombro frente a comportamientos que a todas luces no son laboralmente aceptados. Por ejemplo: una compañera de trabajo que mezcla lo personal con lo laboral, un compañero que no formaliza lo versado a través de un correo, una jefa que no puede trabajar con compañeros varones porqué ha tenido desencuentros sociales en un pretérito pasado y en consecuencia solo contrata mujeres. Un asistente de selección que no respeta el espacio común, un coordinador de marketing con doble discurso, un gerente de gestión humana con doble moral que no humaniza la empresa y solo se dedica a las gestiones administrativas del puesto. Adocenados que hacen comentarios machistas y vejan la imagen femenina de sus compañeras. Hembras que se respetan vestidas con sastre que arguyen hacer el trabajo mucho mejor que los hombres por tener "sexto sentido" y forjan una segregación sexual de nuevo cuño sosteniendo que las mujeres son "multitask" y los hombres no. Un compañero de área que aprovechando tu ausencia contesta el celular corporativo que te asigno la empresa; entre otros ejemplos que podrían decantar en una visión dramatizada de las cosas.

En un país donde la policía se escapa de la policía...

Cuando la instrucción universitaria no es suficiente obtendremos en el mercado laboral, administradores, mercadólogos, abogados y contadores hábiles hasta el hastió. Muy diligentes en sus funciones pero paradójicamente generadores de un mal clima laboral.

Debemos tener en cuenta que una oficina es un espacio compartido y contar con personal poco educado laboralmente hablando será un obstáculo para trabajar en equipo. Por eso sostengo que en la universidad se nos debería enseñar etiqueta empresarial e inteligencia social. El desarrollo organizacional no debe limitarse a las capacitaciones corporativas en habilidades duras sino a un mix entre habilidades transversales y conocimientos prácticos. Existen reglas de convivencia social las cuales su ausencia trascienden más allá del barrio o el condominio en el cual vivimos e impactan en el ámbito laboral perjudicando las buenas praxis; sin embargo, estas carencias no son avizoradas como un problema y se olvidan en un mar de correos institucionales ante el beneplácito y la anuencia agazapada de los analistas de desarrollo.

El escapismo del oficinista.

48 horas de trabajo a la semana significa para muchos empleados un escarmiento y en coherencia con ello es que llegando el día viernes optan por al escapismo festivo que prodiga el alcohol o el desenfreno y fungen de autómatas decadentes. En contraposición, algunos empleados más costumbristas optan por pasar tiempo con la esposa o los hijos pero todos al fin convergen y recurren al éxodo rumbo a un lugar lejos de oficina.

Siempre he sido un fervoroso creyente que el clima laboral proviene de las cabezas; no obstante, por experiencia sostengo que los colaboradores de rangos medios pueden aportar mucho para que sus compañeros dentro de la misma cadena de mando se sientan cómodos con la empresa.


Algunos pautas normativas que utilizo con mi equipo de trabajo para fomentar la educación laboral:

1) Siempre contesta los correos.
2) Después de una reunión corporativa alguien debe formalizar los puntos versados en un correo dirigido a todos los asistentes de la reunión.
3) En la oficina está prohibido alzar la voz ya que este es un espacio común.
4) Está prohibido los chistes de género.
5) No existen mujeres multitask, hombres y mujeres son iguales.
6) No existen machos peruanos que se respetan con todas las patentes (prohibidos chistes machistas)
7) Cada miembro del equipo debe utilizar una agenda.
8) Saludo y despedido en la oficina y en los pasillos.
9) Gramática y Ortografía impecable. Prohibido correos primariosos.
10) Prohibido hablar de la vida privada en oficina.


Fernando Carranza Escritor de domingos y feriados.


La imagen puede contener: 3 personas, traje

No hay comentarios:

Publicar un comentario