Se tu propio némesis.
Con frecuencia escucho y veo a las personas estimarse a si mismas a través de dadivas de afecto, palabras de aliento y autosugestión permanente. Evitando dejar espacio para la autocrítica constructiva, el fe de erratas o el autofeedback correctivo. Inclusive esta tendencia es promovida por las escuelas donde se enseña inteligencia emocional con enfoque de coaching. Somos seres humanos perfectibles y el entender o aceptar esta naturaleza es a todas luces, una muestra representativa de maduración, de mejora continua, de originalidad y de seguridad. Sin embargo, sigue siendo un tabú criticarse constructivamente a si mismo ya que se suele pensar que si lo hago estoy menoscabando mi autoconcepto y mi autovaloración. Razonamiento que se análoga a una creencia limitante puesto que si no me crítico, infiero tácitamente que estoy haciéndolo todo bien y que carezco de puntos de mejora. Personalmente pienso que es plausible ser fan de uno mismo pero en paralelo considero también es importante ser crítico constructivo de nosotros mismos, esto con la finalidad de fortalecer nuestra autoimagen y aunque parezca contradictorio, una persona que se crítica a si misma, tiene mucha más fortaleza y reciedumbre para recibir una crítica destructiva externa, esto porqué ya se blindó. Dicho de otra manera, si yo fui mi némesis primero, nadie podrá castigarme en un futuro, esto debido a que yo evidencié y calibré primero mis áreas de mejora.
La autocrítica constructiva es la capacidad de aceptar errores propios en virtud de corregirlos a través de la introspección, yo personalmente lo considero la capacidad de colaborar con uno mismo mediante el análisis pormenorizado de nuestros errores con miras a modificar conductas no observables. Una suerte de dialogo interno donde se cierran los ojos y se mira hacia dentro del ser poniendo de manifiesto nuestra infinita y mejorable naturaleza humana.
Sacar la mejor versión de uno mismo toma tiempo e involucra un abanico de acciones repetitivas y hábitos de pensamiento que luego se conviertan en hábitos de acción, dentro de dichos hábitos de pensamiento debe estar contemplado el autofeedback y no solo el autolike exacerbado. Después de todo, el fanatismo nunca ha sido positivo y esto se ha visto reflejado a través de la historia gracias al sesgo cognitivo puesto de manifiesto por grandes líderes automotivados por cierto, pero que nunca vieron ni un atisbo de error o que nunca se hicieron una crítica constructiva a su persona.
Cuando el autoconcepto y la autovaloración están en equilibrio y cuando en una balanza se pone las cosas positivas y las cosas negativas, es preciso aplicarse una crítica constructiva con enfoque de oportunidad de crecimiento para escalar el siguiente peldaño. Esto será interpretado por las personas como originalidad en un ser humano que tiene aspectos por resolver.
A la fecha se urbanizan sin número de talleres y entrenamientos que promueven extrapolar la mejor versión de ti a través de la PNL, inteligencia emocional y el tan vedeteado coaching; sin embargo, muy pocas son las escuelas donde se análoga la autocrítica constructiva al amor propio pese a que el juicio más elevado que podemos hacernos consiste en homologar el autoconcepto con la autocrítica constructiva en pro de encontrar el autoconocimiento y la excelencia.
#FernandoCarranza
Escritor de domingos y feriados.
Escritor de domingos y feriados.




