sábado, 30 de junio de 2018

La Autocrítica Como Parte de la Mejora Continua

Se tu propio némesis.

Con frecuencia escucho y veo a las personas estimarse a si mismas a través de dadivas de afecto, palabras de aliento y autosugestión permanente. Evitando dejar espacio para la autocrítica constructiva, el fe de erratas o el autofeedback correctivo. Inclusive esta tendencia es promovida por las escuelas donde se enseña inteligencia emocional con enfoque de coaching. Somos seres humanos perfectibles y el entender o aceptar esta naturaleza es a todas luces, una muestra representativa de maduración, de mejora continua, de originalidad y de seguridad. Sin embargo, sigue siendo un tabú criticarse constructivamente a si mismo ya que se suele pensar que si lo hago estoy menoscabando mi autoconcepto y mi autovaloración. Razonamiento que se análoga a una creencia limitante puesto que si no me crítico, infiero tácitamente que estoy haciéndolo todo bien y que carezco de puntos de mejora. Personalmente pienso que es plausible ser fan de uno mismo pero en paralelo considero también es importante ser crítico constructivo de nosotros mismos, esto con la finalidad de fortalecer nuestra autoimagen y aunque parezca contradictorio, una persona que se crítica a si misma, tiene mucha más fortaleza y reciedumbre para recibir una crítica destructiva externa, esto porqué ya se blindó. Dicho de otra manera, si yo fui mi némesis primero, nadie podrá castigarme en un futuro, esto debido a que yo evidencié y calibré primero mis áreas de mejora.

La autocrítica constructiva es la capacidad de aceptar errores propios en virtud de corregirlos a través de la introspección, yo personalmente lo considero la capacidad de colaborar con uno mismo mediante el análisis pormenorizado de nuestros errores con miras a modificar conductas no observables. Una suerte de dialogo interno donde se cierran los ojos y se mira hacia dentro del ser poniendo de manifiesto nuestra infinita y mejorable naturaleza humana.

Sacar la mejor versión de uno mismo toma tiempo e involucra un abanico de acciones repetitivas y hábitos de pensamiento que luego se conviertan en hábitos de acción, dentro de dichos hábitos de pensamiento debe estar contemplado el autofeedback y no solo el autolike exacerbado. Después de todo, el fanatismo nunca ha sido positivo y esto se ha visto reflejado a través de la historia gracias al sesgo cognitivo puesto de manifiesto por grandes líderes automotivados por cierto, pero que nunca vieron ni un atisbo de error o que nunca se hicieron una crítica constructiva a su persona. 

Cuando el autoconcepto y la autovaloración están en equilibrio y cuando en una balanza se pone las cosas positivas y las cosas negativas, es preciso aplicarse una crítica constructiva con enfoque de oportunidad de crecimiento para escalar el siguiente peldaño. Esto será interpretado por las personas como originalidad en un ser humano que tiene aspectos por resolver.



A la fecha se urbanizan sin número de talleres y entrenamientos que promueven extrapolar la mejor versión de ti a través de la PNL, inteligencia emocional y el tan vedeteado coaching; sin embargo, muy pocas son las escuelas donde se análoga la autocrítica constructiva al amor propio pese a que el juicio más elevado que podemos hacernos consiste en homologar el autoconcepto con la autocrítica constructiva en pro de encontrar el autoconocimiento y la excelencia.


#FernandoCarranza
Escritor de domingos y feriados.

domingo, 10 de junio de 2018

Castigando el Éxito

Una Dura Crítica al Sistema de Recaudación Peruano

El sistema tributario peruano se divide en 3 fuentes de recaudación, los impuestos, las tasas imponibles por prestación de servicios públicos y las contribuciones. Cuando hablamos de impuestos se despliega todo un popurrí de pagos exigidos por El Estado, entre ellos, impuesto a la renta corporativo, impuesto a la renta personal, derechos arancelarios, impuesto general a las ventas, impuestos al consumo e impuesto a la propiedad; dichos pagos configuran casi el 98% de ingresos al sistema de recaudación que por analogía podríamos entenderlo como el sueldo que gana El Estado producto de sus ciudadanos económicamente activos contribuyentes (PEA) y de las empresas que lograron sobrevivir al tercer mes de facturación o muestran una curva de crecimiento sostenible en el tiempo. Esto se encuentra tipificado dentro de la Política Fiscal Peruana la cual al ser contractiva ha disminuido el gasto público pero ha aumentado progresivamente la carga tributaria en los ciudadanos y esto se ve reflejado cuando aun tributando; no obtienes servicios públicos básicos de calidad, dando a entender que existe un tácito déficit presupuestario. 

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Como señala la última encuesta elaborada por IPSOS para El Comercio, en una escala del 0 al 20, el sistema de salud pública jaló con 10,1. Cuatro puntos por debajo del privado.
El Estado Peruano reconoce capacidad adquisitiva, capacidad de consumo y capacidad de ahorro en bienes de una persona o empresa y en función a ello es que “exige” gravar su ingreso. Un ejemplo claro de impuesto es el cobro del IR personal que aplica para todas personas que perciben al mes más de S/ 3.062 o el equivalente a S/ 36,750 anual (Fuente: Resolución Superintendencia N 297-2018 SUNAT)  La pregunta que subyace ahora es ¿para qué pago este impuesto?

Cuando hablamos de tasas imponibles nos referimos a los pagos voluntarios que se realizan por trámite de expedientes o trámite de documentos diversos donde exista animosidad e interés por parte del ciudadano, estos pagos se realizarán siempre y cuando el ciudadano desee tramitar algún documento especial para una actividad en específico; por ejemplo, si usted anónimo lector desea matricularse en una universidad pública, tramitar su pasaporte o DNI, deberá pagar una serie de tasas, o si en caso desea tramitar algún expediente con celeridad en el Poder Judicial, también a la par, deberá pagarlas. El pago de estas tasas no supera el 3% del valor total invertido y no representan mayor fuente financiamiento al sistema de recaudación. Dicho de otra manera, El Estado Peruano perse no se alimentaría de este tipo de tributo pero sí serviría para financiar programas sociales vinculados al bienestar de un pequeño gobierno regional.

Por último, tenemos las contribuciones, que son aquellos pagos que realizamos los ciudadanos para que El Estado realice obras públicas de valor individualizado, un ejemplo de este tipo de gravamen fue el FONAVI. Fondo que estuvo presente en 5 gobiernos centrales, el de Morales Bermúdez, el de Belaúnde, el primer quinquenio de García, el de Fujimori y el de Toledo; logrando amasar una cantidad  de 30 millones de soles al 2004, año en el cual fue derogado para su posterior devolución de manera progresiva al tipo de moneda actual.

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Ahora bien, tú y yo vivimos en una ciudad donde por antonomasia muchos autores la denominan La Ciudad de los Reyes (Arellano la denominó la Ciudad de los Quispe); sin embargo, algunos escritores más lúcidos, la hemos llamado Lima Babilonia Impura, esto debido a que el pago que se realiza respecto a los tributos aparentemente no tiene retorno. La muestra más representativa de la ineficacia del sistema del recaudación peruano se evidencia cuando el pago de impuestos, no se ve reflejado en ornato, seguridad, civismo, hospitales más equipados o calles más limpias. Dicho de otra manera, el dinero ingresa al Estado en forma de recaudación impositiva y debería salir en forma de gasto público en bienes y servicios y de transferencia a los hogares. No obstante, en la práctica esto no pasa y en consecuencia es que existe desmotivación para tributar. A esto le agregamos la presencia de ciudadanos extranjeros no domiciliados que llegan a pagar hasta el 30 % de sus ingresos bajo la modalidad de impuesto, dando a entender que el fisco no sabe qué inventarse para recaudar.

Está claro que existe un desencuentro social entre El Gobierno y la ciudadanía. Asimismo, es vox populi que en los últimos 6 gobiernos entre militares y demócratas, se encarnó corrupción galopante; sin embargo, lo que no queda claro por falta de información es saber si en el Perú tenemos los tributos necesarios. Por ejemplo, es de conocimiento general que cuando compras un carro nuevo debes pagar el impuesto vehicular al SAT, el cual equivale al 1% del valor del vehículo. La pregunta es esta: ¿si yo para comprar el carro tuve que tributar durante 3 años pagando el IR personal, qué lógica tiene pagar nuevamente un impuesto?

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Javier Prado a las 6 p.m de un viernes cualquiera. 

No obstante, El Estado Peruano lo exige en virtud a la Ley Marco del Sistema Tributario Nacional y lo llama eufemísticamente “capacidad contributiva” que proviene de una presión fiscal alta consecuencia de falta de acción para eliminar exoneraciones tributarias de algunas instituciones que podrían gozar de la protección benedicta de algún lobista.  Es decir, a los ciudadanos se nos cobra más impuestos debido a que las grandes empresas dejan de pagarlos o se ciñen a las famosas contribuciones por obras. 

Personalmente pienso que la tributación no debería estar alineada a la exigencia o la presión fiscal sino al incentivo. Asimismo, entendamos que el Perú responde a demasiados tributos que en la praxis no tienen retorno, salvo el bolsillo de algún funcionario de Odebretch o el gasto corriente, pago millonario por consultorías, gastos de representación o pago de flores y computadoras por parte de los congresistas del gobierno de turno; corrupción que podría ser encarnada de manera local cuando algún empleado exija bajo la mesa que se le pague mensualmente con dos recibos por honorarios para evadir el IR de aprobarse lo propuesto por el Ex Ministro Tuesta quien aparentemente omitió totalmente la curva de Laffer (!)

(!) Curva que propugnó menor presión fiscal en aras de incentivar la recaudación; ejercicio que inclusive serviría para estimular la formalidad en nuestro país.

Tributos más representativos que encarna el Sistema de Tributación Peruano:

  1. Impuesto a las transacciones financieras.
  2. Impuesto general a las ventas.
  3. Pago de Aranceles.
  4. Impuesto predial.
  5. Impuesto a la renta corporativo.
  6. Impuesto a la renta personal.
  7. Impuesto al consumo
  8. Impuesto vehicular

#Fernandocarranza
Escritor de domingos y feriados.


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domingo, 3 de junio de 2018

Fernando Carranza

Entrena tu sensibilidad…
Cuando buscas contenido en Google sobre cómo ser más sensible, aparecerán cerca de 92,000 resultados en menos de 0.39 segundos. Parece mentira pero hoy por hoy las personas valoran y aquilatan mucho este tipo de contenidos, esto puede ser debido a la brecha educativa que ha dejado el sistema en materia de inteligencia emocional y desarrollo del sistema límbico o por la imperiosa necesidad de rencontrarse con su fuente. No obstante, el ser humano promedio se debate en una doble moral, por un lado, lo violento y vertiginoso del aparataje mediático y por otro, la emotividad oculta que tenemos todos en nuestro fuero interno opacada quizá por la presión social que estimula el arribismo y condena sensibilidad.
Si en este momento pudieras tomar una pastilla o algún complemento alimentico para activar destrezas que a todas luces te convirtieran en mejor ser humano, no habría duda que lo harías; sin embargo, la película “Sin Límites” protagonizada por Bradley Cooper parece ser una realidad todavía muy foránea. En virtud de ello, es que se urbanizan cientos de blogs y se yerguen miles de columnas (como esta) para propender que la sensibilidad humana bien dosificada ayuda mucho a comprender mejor el mundo. Dichas columnas tienen la disposición de propugnar que la sensibilidad no es un defecto de fábrica sino un atributo que se pierde después que el producto sale de la fábrica o es desempacado en medio de una jungla de cemento donde millones de personas instruidas para ser millonarios, encontrar un puesto de trabajo o ser gerentes, pelean para ser los mejores; menoscabando toda su humanidad y estimulando el “tener mas no el ser” para que paradójicamente vivamos en una democracia política mas no una democracia económica, a colación de esta premisa es que a veces me río cuando los gerentes intentan tecnificar las empresas y por otro lado intentan (sin resultado) humanizarlas. Espero que ahora entiendas anónimo lector por qué existe un error de base al intentar trabajar la inteligencia emocional en una oficina cuando la misma es olvidada de ser impartida en el colegio. Pero no te preocupes, la gran mayoría de ciudadanos de a pie fuimos instruidos en un colegio donde el eje fue enseñarnos a competir y esto se vio reflejado en el clasista récord de notas del profesor.
Personalmente aprecio a las personas sensibles que contando con esta condición no amplifican sus emociones o las emociones de los demás; logrando así, reflexionar y vivir en un plano más elevado donde el factor común de sus accionar es la intuición, la buena voluntad y la resonancia emocional. En línea a ello, te ofrezco algunos hábitos para que entrenes tu sensibilidad:
1. Lee un poema.
2. Escucha una canción romántica.
3. Tomate un tiempo para ti mismo frente al mar.
4. Escribe un verso.
5. Contempla una flor.
6. Olvida los efectos especiales y céntrate en el fondo.
7. Escucha desiderata, escribe una reflexión,
8. Contempla la luna llena.
9. Encuentra la diferencia entre un ser humano y “ser” un humano.
10. Observa la risa de un bebe y ve como las hojas se caen de los árboles.
11. Acostúmbrate a dar las gracias.
12. Procura tener conversaciones largas y tendidas con tu fuero íntimo.
13. Refléjate en los ojos de alguien.
14. Sueña un poco más.
La sensibilidad también se entrena al punto que logramos encarnarla pero no conscientemente. Columna escrita mientras escuchaba a Paul Davis y su mítica canción “I Go Crazy” entrenando mi sensibilidad.

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#FernandoCarranza
Escritor de domingos y feriados.