Te lo dice un fervoroso creyente del agnosticismo.
La vieja solemnidad.
By Fernando Carranza.
Existen dos fechas en las cuales los peruanos, naturalmente victimas del
aparataje social, mediático y consumista, nos convertimos en una suerte de
zombies apocalípticos, flamígeros y destemplados. Condicionados a demostrar
dádivas de afecto a través de regalos y efervescentes saludos protocolares.
Otras personas aprovechan en lavar sus culpas y adecentar su fuero interno en
pro de cerrar bien el año en curso, lo cual no es malo si no lo haces por
presión social o de manera estacionaria. Dichas fechas son: fiestas patrias y
navidad; fechas en la cuales no solo solemos hacer mucho ruido, sino que a la
par evitamos oír el solemne y real significado de estas seudo
"festividades". No obstante, en contraposición, existen
personas que no se dejan influenciar por esta fiebre mercantil y
aprovechan estos días para compartir parte de su fuero íntimo no solo con la
familia, sino a la par con los amigos; generándose así, un ambiente de
armonía, confiabilidad y respeto, todo esto en virtud de mantener, estrechar,
ecualizar los lazos de amor, crear
momentos que duren toda una vida y hacer que Jesús no solo nazca en el pesebre
sino en cada uno de nuestros corazones.
Precisamente por estas fechas donde acomete y nos abruma la navidad con
toda esa parafernalia mercantilista y un aumento generalizado del flujo
circular de la renta en consonancia a los saludos y abrazos, recuerdo con
bastante reticencia y reflexión aquel pasaje bíblico donde se narra a un
iracundo Jesús entrando al templo de su padre y arrojando por el suelo los
objetos de los mercaderes que habían abarrotado el espacio, quitándole toda
solemnidad al santuario, ¿acaso ese momento no es una alegoría de los
decadentes tiempos que se yerguen actualmente donde las empresas se cuelgan de
las emociones de la gente para vender sus productos, arrebatando toda altura e
hidalguía a los sentimientos y creencias benedictas? Sabemos que Coca
Cola vende alegría, que el BCP vende tiempo, que P&G vende amor y que sin
número de empresas se cuelgan de la imagen alegórica de la navidad para vender
sus productos haciendo loa al falaz neuromarketing. En el relato que describo líneas
arriba, los mercaderes aprovechándose de la afluencia de personas que acudían a
orar; convirtieron el templo cuyo eje era la "adoración" a Dios en un
grosero damero comercial. Es decir, mutaron sentimientos por disparadores de
compra.
Siendo objetivo, percibo que el significado tácito y real de la navidad
se ha menoscabado con el devenir del tiempo y en su antítesis se ha urbanizado
una insulsa jungla eléctrica que
erróneamente llamamos decoración por Merry Christmas. La navidad y todas estas
festividades impostadas por los Rockefeller y los miembros del Club Bilderberg
se han tornado más comerciales y menos espirituales; no obstante, siempre trato
de poner de manifiesto mi senda conservadora y aprovecho esta tribuna para
verter algunas líneas que devienen de un alma desnuda. Este año conocí gente
maravillosa y a la par mantuve contacto con gente que años atrás conocí y me
alegro sobremanera haber concluido un periodo con ustedes.
Felices y reflexivas navidades de todo el año no solo de diciembre.
Gracias por todo.
Fernando Miguel Carranza. Escritor de domingos y feriados.

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