domingo, 24 de diciembre de 2017

Jesús es mejor que Santa Claus.

Te lo dice un fervoroso creyente del agnosticismo.

La vieja solemnidad. By Fernando Carranza.

Existen dos fechas en las cuales los peruanos, naturalmente victimas del aparataje social, mediático y consumista, nos convertimos en una suerte de zombies apocalípticos, flamígeros y destemplados. Condicionados a demostrar dádivas de afecto a través de regalos y efervescentes saludos protocolares. Otras personas aprovechan en lavar sus culpas y adecentar su fuero interno en pro de cerrar bien el año en curso, lo cual no es malo si no lo haces por presión social o de manera estacionaria. Dichas fechas son: fiestas patrias y navidad; fechas en la cuales no solo solemos hacer mucho ruido, sino que a la par evitamos oír el solemne y real significado de estas seudo "festividades". No obstante, en contraposición, existen personas que no se dejan influenciar por esta fiebre mercantil y aprovechan estos días para compartir parte de su fuero íntimo no solo con la familia, sino a la par con los amigos; generándose así, un ambiente de armonía, confiabilidad y respeto, todo esto en virtud de mantener, estrechar, ecualizar los lazos de amor, crear momentos que duren toda una vida y hacer que Jesús no solo nazca en el pesebre sino en cada uno de nuestros corazones.

Precisamente por estas fechas donde acomete y nos abruma la navidad con toda esa parafernalia mercantilista y un aumento generalizado del flujo circular de la renta en consonancia a los saludos y abrazos, recuerdo con bastante reticencia y reflexión aquel pasaje bíblico donde se narra a un iracundo Jesús entrando al templo de su padre y arrojando por el suelo los objetos de los mercaderes que habían abarrotado el espacio, quitándole toda solemnidad al santuario, ¿acaso ese momento no es una alegoría de los decadentes tiempos que se yerguen actualmente donde las empresas se cuelgan de las emociones de la gente para vender sus productos, arrebatando toda altura e hidalguía a los sentimientos y creencias benedictas? Sabemos que Coca Cola vende alegría, que el BCP vende tiempo, que P&G vende amor y que sin número de empresas se cuelgan de la imagen alegórica de la navidad para vender sus productos haciendo loa al falaz neuromarketing. En el relato que describo líneas arriba, los mercaderes aprovechándose de la afluencia de personas que acudían a orar; convirtieron el templo cuyo eje era la "adoración" a Dios en un grosero damero comercial. Es decir, mutaron sentimientos por disparadores de compra. 

Siendo objetivo, percibo que el significado tácito y real de la navidad se ha menoscabado con el devenir del tiempo y en su antítesis se ha urbanizado una insulsa jungla eléctrica que erróneamente llamamos decoración por Merry Christmas. La navidad y todas estas festividades impostadas por los Rockefeller y los miembros del Club Bilderberg se han tornado más comerciales y menos espirituales; no obstante, siempre trato de poner de manifiesto mi senda conservadora y aprovecho esta tribuna para verter algunas líneas que devienen de un alma desnuda. Este año conocí gente maravillosa y a la par mantuve contacto con gente que años atrás conocí y me alegro sobremanera haber concluido un periodo con ustedes.

Felices  y reflexivas navidades de todo el año no solo de diciembre. Gracias por todo.
Fernando Miguel Carranza. Escritor de domingos y feriados.

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