El Caso Leche Gloria.
“Recuerdo aquella vez que mi profesor de marketing de pregrado organizó
un trabajo grupal para estudiar el "caso de éxito" de
Leche Gloria”
¿Caso de éxito?
Escuché a una mujer que funge como
periodista decir que los peruanos no tenemos hábitos de lectura y en
consecuencia no solemos leer las etiquetas de los productos que consumimos.
Asimismo, agregó que era importante que las empresas comiencen a utilizar un
lenguaje mucho más accesible en aras del deber cívico de comunicar bien el
contenido de los ingredientes que utilizan. El axioma parece ser irrefutable y
naturalmente el comentario no debería prestarse a malas lecturas; sin embargo,
es oportuno ser analíticos y segregar el problema que hoy por hoy está en boga
por el caso Leche Gloria.
En principio, debemos destilar el tema. Soy partidario y militante
activo que las empresas deben utilizar un lenguaje sencillo para conectar y
comunicar su mensaje. No obstante, lo que se encuentra en debate es la
composición nutricional de un producto “X” y la publicidad engañosa que
configura el etiquetado de un tarro de leche; elementos que al fusionarse
generará que los consumidores menos ilustrados saquemos conclusiones erradas
cayendo en los ambages que conllevan una estafa.
Ideal amanecer, Bonle Familia, Gloria
Niño Defense, Reina del Campo y Pura Vida Nutrimax son los productos sindicados
como leche que en esencia no lo son.
La información nutricional de la
leche Pura Vida; por citar un lacónico ejemplo, arroja que su composición no es
100 % leche de vaca y que su proporcionalidad alimenticia y energética equivale
a 7 huevos, ½ kilo de carne, 300 gramos de pollo o 6 tazas de fréjoles.
Asimismo, indica que contiene un abanico de compuestos como la dextrina, el
jarabe de maíz, el jarabe invertido, la maltodextrina y grasas vegetales que
“investigando” nos arrojará que pueden generar alergia e irritabilidad
intestinal. Bajo esa premisa considero importante cambiar el enfoque académico,
dejar de enseñar a la gente a vender y comenzar a enseñarles a comprar o a leer
el etiquetado.
INDECOPI y DIGESA deben hacer funciones de oficio ya que esta virulencia
mercantil no solo tizna la salud de las personas que consumen leche sino
también de aquellas que beben Cifrut o comen un chocolate pensando que en
esencia lo que consumen es lo que figura en las etiquetas.
La culpa no es la leche light sino de
la literatura light.
Actualmente se yergue un tipo de
literatura descomplicada la cual busca brindar cantidad mas no calidad lectora.
Este tipo de literatura exime el raciocinio y no obliga a ningún lector la
utilización de su capacidad analítica e intelectual. No negaré que existen
obras literarias de este talante muy bien hechas; que logran capturar la
atención humana. Sin embargo, al no plantear dudas o problemas nos encapsulan
en el consumismo de productos con esta misma patente generando un círculo
vicioso y convirtiendo a un ser humano en lector pasivo o carente de avideces investigativas.
El desenfreno, la celeridad y el
vertiginoso modo de vida que tenemos los peruanos ha confluido y decantado en
este tipo de literatura y en el olvido de hábitos cuyo ejercicio representaría
una expresión más altiva en el ser humano como es el caso del teatro que ha
sido remplazado por su antítesis en el cine de efectos especiales.
Enseñar a investigar.
Es vox populi que la leche de tarro y
natural tiene componentes que generan cáncer entre otros males crónicos y
colaterales. Somos la única especie que consume leche de otro mamífero y esto
acarrea una serie de problemas hormonales. La sociedad peruana es el resultado
de las lecturas rápidas y fáciles. Somos subestimados por nuestros organismos y
considerados como un gris hormigueo que necesita recibir las cosas
masticaditas. No me preocupa que no entendamos un tecnicismo escrito detrás de
un tarro de leche. Me preocupa que no investiguemos algo que desconocemos y que
pongamos de manifiesto nuestra precariedad intelectual a nivel internacional
y esto se vuelve a ver reflejado por la importación del producto Gloria
Infant Stage 3
Tecnicismos, nombres científicos,
compuestos químicos y términos complicados vamos a encontrarlos en el devenir
del tiempo y posiblemente el uso de estas palabras dentro de las oraciones y
articulación de lenguaje sea un indicador que nuestro hipocampo y/o expertirse
profesional está cambiando. A esto le agrego que las palabras no identificadas
en un libro o “etiqueta” deben ser investigadas en aras de construir un lenguaje
elaborado que dicho sea de paso no necesariamente es lo mismo que tener un
lenguaje florido.
Existen indicadores clave que
arrojarán una muestra representativa de quienes somos y uno de ellos es las
palabras que asociamos y/o utilizamos en pro de dar un mensaje. El lenguaje
elaborado y no necesariamente complicado (la definición de complicado deviene
de una óptica muy personal de cada individuo) es un referente no determinante
del tipo de personas que somos.
La leche en cualquier de sus variantes tiene compuestos que generan
cáncer (Carragenato, carragenano o carragenina) sin embargo, la sociedad y su
aparataje mediático tienen compuestos que generan retraso mental. Aplaudo la
presión mediática que se ejerce sobre el INDECOPI pero recuerda que existe una
diametral diferencia entre ser bombero y ser médico. El sedentarismo no solo hace apología a la persona empantanada en su
habitación sino aquella persona que no investiga y no aumenta su hipocampo convirtiéndose al final de su vida en un sedentario intelectual.
Fernando Carranza.

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