domingo, 2 de abril de 2017

Señor Fernando, hágalos reír…

Esa noche salía de la oficina y para cortar camino decidí ir por el Campo de Marte. Si no me equivoco, eran exactamente las siete; lloviznaba y las lúgubres estatuas que adornan los húmedos pastos adoptaban figuras cada vez más siniestras.
Encarnaba un espíritu reflexivo, flemático, estoico, absorto en mis problemas. Sosegado quizá por la jornada laboral. Entre sinapsis y letargo alcé la mirada para no perderme ni un solo atisbo gris que tranquilamente pudiera usar en mi eterna búsqueda de la verdad, y vi en el centro del parque, algo que a todas luces llamó mi atención. Se trataba de un bartender que estaba practicando malabares con dos botellas de Whisky Chivas vacías. Ante la imagen y en una milésima de segundo le pregunté a mi fuero interno la siguiente interrogante: ¿las personas cuando van a un bar se preocupan por los maromas que puede hacer el barman o en realidad se preocupan por beber un trago y disfrutar la compañía? la respuesta parece ser tácita; sin embargo para entrar en debate informo. Yo personalmente cuando por presión social voy a un bar, es exclusivamente para “disfrutar” un trago, escuchar música, disfrutar la compañía y hacer algún pedido musical a la banda (si la hubiera claro está) pero nunca a ver malabares, aterrizando este preámbulo a nuestra vida diaria, he notado un acuciante, autofago e imperioso sentido de urgencia de las personas por divertirse. He notado que muchas personas de mi entorno descuellan miedo a la soledad, le temen a la reflexión y buscan de manera flamígera y destemplada divertirse hasta de manera forzada, soslayando el verdadero significado de la vida, prueba de esto es que cuando en lo personal, voy a dictar una cátedra, minutos antes de subir a la palestra siempre hay un frívolo organizador que me susurra en la nuca y me dice: " señor Fernando, hágalos reír", en ese preciso momento solo atino a mirar al individuo para intentar entrar en su línea de pensamiento y tolerarlo.
Pedagogía vs andragogía.
Con el devenir del tiempo he empleado diversas metodologías de andragogía y siempre por tendencia he observado que los adultos aprenden cuando el docente llega a superar el umbral del sentido crítico. Los adultos tienen conceptos amalgamados durante su vida; los mismos que resultan inamovibles o difíciles de desmitificar, salvo seas un experto en la materia y brindes aporte a lo que ellos ya saben. Está claro que la población aprende algo que le gusta y es deber del docente hacer la clase lúdica, práctica y vivencial pero a la par debe haber equiparidad entre fondo y forma. Debe haber simetría entre contenido instructivo y metodología de enseñanza. El docente no puedo limitarse a ser un showman o un Carlos Alcantara de salón que en lugar de transmitir conocimiento se limita a hacer reír al estudiante. Eso funciona con los niños mas no con un adulto bien informado.

Tierra, viento, fuego, agua y AMOR. El secreto del quinto elemento.
Es importante reír y hacer reír al mal llamado alumno (alumno significa carente de luz y todos tenemos luz propia) es importante ser carismático; no hay duda, las personas de a pie le dan mucha importancia a esta variante para sentir afinidad o un efecto rapport en el salón de clases. Sin embargo déjame decirte algo anónimo lector, por encima de la risa, por encima de caerle bien a todo el mundo, por encima de ser un showman que va por la vida robando sonrisas, existe un elemento que no debe faltar en el aula y es la inteligencia emocional. En otras latitudes el conocimiento no se transmite de cabeza a cabeza sino de corazón a corazón y esto no tiene absolutamente nada que ver con ser un profesor carismático.
La Inteligencia emocional como conducto para llegar al estudiante.
En pleno siglo de postmodernidad no existe cabida para una clase insular donde el conocimiento esté condicionado a los niveles de carisma que pueda extrapolar el docente; sino por el contrario, debe hacer enfoque al conocimiento transmitido a través del amor y el ágape.
Lo he intentado pero no me sale la sonrisa profesional...
Con el devenir del tiempo y a lo largo de mi experiencia he encontrado personas que tienen una excelente forma, se ríen de todo, posan para la foto y siempre tiene una sonrisa profesional pintada en los labios. Sin embargo carecen de un fondo académico, intelectual y no hay un interés genuino por enseñar.

Quizá por eso en mis fotos nunca por nunca salgo riéndome profesionalmente, quizá por eso soy partidario de la premisa que "la alegría la llevo por dentro", así como la procesión.

Fernando Carranza. Escritor de domingos y feriados.


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