sábado, 24 de septiembre de 2016

Fernando Carranza Vásquez.

La mochila.
Mi vida sentimental ha sido como una canción de pop, con mucha forma pero con poco fondo. De fácil enamoramiento pero a la par de fácil olvido. Rica en banalidad pero exigua en amor. Una de las conversaciones que describe esa flamígera pasión fue la que tuve con una persona en el Óvalo Gutiérrez; exactamente en la faldas del siniestro arcángel que adorna dicho lugar. (...) Nunca había encarnado una relación tan toxica ni sido reo emocional como en aquel momento. Nuestras riñas no eran conversadas, nuestras peleas se disolvían con el tiempo. La pasión y la atracción física era fuerte pero proporcional con el tiempo que nos tomábamos para solucionar nuestros problemas de pareja. En síntesis, nuestro código, nuestro canal de comunicación y nuestro conducto para solucionar los problemas era el silencio administrativo y el distanciamiento crónico.
El dialogo es la clave.
¿Sabes algo anónimo lector? Televisa nos ha vendido la idea que los miembros de una pareja necesitan estar consigo mismos para aquilatar y valorar la ausencia del ser amado. En el momento exacto en el cual el ser humano debe comunicarse, tener una conversación larga y tendida con el alma desnuda en virtud de calibrar los problemas de pareja es cuando más tiende a distanciarse; sin darse cuenta que va colocando sobre la mochila que lleva en las espaldas cierta carga emocional que con el devenir del tiempo se llega amontonar y se hace imposible de sobrellevar. Personalmente recomiendo esporádicamente sacar un poco de ese contenido, ponerlo sobre la mesa de noche que adorna la litera nupcial y compartir con la otra parte puntos de vista.
Todo problema social deviene de la falta de comunicación.
Algo que aprendí de aquella experiencia que por cierto generó en mi somero desencuentro social, fue que los seres humanos en lugar de solucionar los problemas conversando tienden a optar por el facilismo que prodiga la conclusión apresurada, el distanciamiento y el silencio sepulcral y esto se aplica para todas las ramas del saber humano; inclusive el laboral. ¿Te has puesto a reflexionar, cuántas emociones guardadas tienes en la mochila que llevas sobre tu espalda?. ¿Cuántas cosas quisieras gritar al unisono; sin embargo, no las dices y esperas la catarsis para evocarlas?.
Si la vida es un viaje. Se un viajero con una mochila liviana sobre la espalda y/o lleva contigo solo lo básico.

Fernando Carranza. Escritor de domingos y feriados.



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