domingo, 1 de noviembre de 2020

Fernando Carranza

 Treinta y tres candidatos apocalípticos. By Fernando Carranza

No importa cuanta gente conoces, sino cuanta gente te conoce a ti, calidad de contactos se llama eso. Las pocas personas que conocen mi fuero íntimo saben que me gusta las tertulias improvisadas, las conversaciones largas y tendidas con el alma desnuda, la asociación de ideas muchas veces con chelas y puchos de por medio o simplemente acompañado de la complicidad de una taza de café, copa de vino y chocolate 100 % cacao. La mixtura amalgamada y narcótica que produce estos sabores en las papilas gustativas hace que cualquiera se lama hasta la comisura de los labios.

La gente de mi círculo social más interno sabe que en lo personal, he aprendido mucho de mis padres, de mis hermanos, de mis enamoradas que actualmente fungen como fantasma desertor o amor insepulto. Saben que he aprendido de las conversaciones con mis amigos pero; sobre todo, saben que soy un loco calato que le gusta aprender a través del dialogo interno. Después de todo, géminis es un tipo ávido de comunicación intrapersonal; en ese marco, haciendo una prolija y difusa introspección, muchas veces me pregunto: ¿Qué he aprendido de la pandemia? ¿Qué mensaje a modo de reflexión me deja este contexto social? ¿Qué aspirina emocional y placebo quiero aplicarme para tapar el sol con un dedo? ¿Qué mágico aforismo de Jung o de Howard Garner quiero citar a modo de ungüento en reemplazo del llantén?

Esas preguntas tienen una repuesta trivial y a veces tácita causa del inconsciente colectivo: en esta pandemia he aprendido a cocinar, he aprendido utilizar plataformas 2.0 para comunicarme con la familia, he aprendido a tener un rostro perlado a través de un tutorial de YouTube (entiéndase el sarcasmo) he aprendido sobre la caprichosa suerte o a reflexionar sobre lo efímero del tiempo, y esas cositas propias de una novela de Televisa ¿Pero sabes qué? Hubiese preferido no aprenderlas por qué mientras las aprendía: una familia se despedía de un ser querido, una persona con enfermedades preexistentes perdía la vida consecuencia del COVID 19, una niña o una joven mujer estaba obligada al confinamiento con el victimario estupro, un hombre sexagenario era relegado de su trabajo como un paria para ahora formar parte de la población vulnerable, ante los ambages y dudas mas que respuestas que deja esta pandemia y crisis sanitaria, la población rural estaba imposibilitada de acudir a un centro de estudios, el congreso lanzaba su décimo quinta propuesta de destitución presidencial. Así es anónimo lector, mientras nuestra pureza ofendida aprendía a preparar ceviche a través de un tutorial de YouTube para sopesar nuestra zona de confort o nuestra necesidad galopante de mantener un sistema económico se instruía en cómo teletrabajar, todo esto ocurría y seguirá ocurriendo porqué la forma en la cual los círculos de poder y gobiernos están abordando la situación no tiene precedentes y muchos especialistas desde la juridicidad consideran que de por medio existe violación a los derechos humanos. No señor, desde esa perspectiva, no rescato nada bueno de esta pandemia mas allá de cómo el COVID 19 ha desnudado nuestra precariedad en términos de transformación digital, precariedad que de momento se mantiene.

Sé que debemos a aprender a abrazar el caos, sé que estás pensando en la frase de Jung: lo que resistes persiste, lo que aceptas te construye, sé qué tus actos lingüísticos y autosugestión te obliga a mirar el mundo desde una latitud positiva pero muchas veces ese optimismo benedicto hace que tengamos una visión reduccionista del mundo, de nuestro pequeño mundo y en consecuencia, merma nuestra capacidad de indignación lo cual nos convierte en una pieza anuente e incapaz de proyectarse a lo que se viene para el Perú este 2021. Somos insuficientes para una movilización social en contra de los verdaderos dueños del Perú (los empresarios) portas al bicentenario.

Como es de conocimiento general, treinta y tres candidatos se disputan la presidencia. Trienta y tres individuos apólogos de la partidocracia, militantes del orgullo y de la terquedad menos del amor a la patria harán su show para que uno solo uno sea recordado como el presidente que lideró el bicentenario.

Dios nos ayude.

Fernando Carranza, escritor de domingos y feriados.