El aparataje social nos obliga a ser fuertes, arribistas y competitivos; inclusive, por encima del trabajo en equipo, del colectivismo o de las buenas prácticas. Entrar en contacto con tu fuero íntimo hoy por hoy puede ser interpretado como debilidad y en consecuencia, las personas lo verán como un demérito; sin embargo, aquello que nos hace humanos estriba precisamente en cometer errores, sentirse vulnerable, dejar aflorar nuestra emotividad oculta o sencillamente ser frágiles en determinado momento del día y/o ante determinada persona de nuestro entorno.
Lo sistemas y las estructuras sociales fomentan la idea que debemos ser extrovertidos y fuertes, aduciendo que nuestro radar de oportunidades y abanico de posibilidades aumentará exponencialmente, dando a entender tácitamente que las personas tímidas o frágiles carecen de todo ápice de supervivencia en una ciudad que muchos autores por antonomasia llamarán Babilonia Impura.
Personalmente, como especialista no solo recomiendo erigir una postura de fortaleza, de campeón o de alfa ante la presión social sino buscar también la mejora continua; la cual muchas veces, es representada por la flexibilidad de carácter ante el desafío de aprender a querernos a nosotros mismos con virtudes y defectos.
Dicho de otra manera, como seres humanos debemos entender que somos un todo indivisible, muchas veces seremos fuertes, grandilocuentes y extrovertidos y otras veces un tanto más timoratos, antisociales y reflexivos. Aprender a vivir con esa dualidad es; sin duda, una muestra representativa de madurez, honestidad y fortaleza emocional.
El Momento Neutro del Día y Saber Ser Vulnerable
En las escuelas, centros de capacitación, talleres o procesos formativos, se nos enseña a competir, a disromper, sentir apetito por generar dividendos y a enfocarnos en resultados más no en procesos, ver la vida como un destino mas no como un viaje. Filosofía que a la larga puede generar desencuentros sociales si es que no obtengo del sistema lo que en su génesis me enseñaron; es decir, ser exitoso. Debemos dejar de ser disruptivos y comenzar a ser más integrativos.
En Google, existen cerca de 9, 730,000 resultados que aparecen en menos de 0.33 segundos sobre cómo ser exitoso. Gurús y referentes que juran y perjuran conocer la fórmula para generar dividendos, tener una personalidad más fuerte, ser extrovertido y desarrollar habilidades comerciales. Esta misma tendencia se yergue en las redes sociales y centros de capacitación de nuevo cuño lo cual me arroja la idea que como docentes estamos formando una sociedad de personas estereotipadas con gran dificultad para aceptarse tal cual son.
"Hay premios para el que más responde, pero no hay premios para el que más pregunta. El que responde es el alfa y el que pregunta es el beta"
Solía pensar con fervor que la vida era como andar en bicicleta, que si dejas de pedalear o de avanzar hacia adelante, te caes. Llamémosle madurez espiritual o sencillamente liberación benedicta, actualmente sostengo que es importante desconectarse de todo aquello que implica un sistema de consumo, violencia, supremacía del más poderoso, explotación del hombre sobre el hombre, en aras de conectarnos con nuestra fuente universal. Pienso que es lícito equivocarse, ir más despacio, permitirse cambiar de opinión; dejando lugar a la duda razonable y en línea a lo escrito párrafos arriba, es totalmente correcto, estar solo y perderse para encontrarse.
Existe una diametral diferencia entre ser débil y ser dúctil. Lo primero está orientado a caernos y no podernos levantar y lo segundo tiene relación con modelar nuestra forma de ser en aras de construir vínculos afectivos con los demás, reconocer nuestros errores y aumentar nuestro hipocampo. Después de todo, el significado que la sociedad le da a una persona “fuerte” es aquella que socialmente no abraza el dolor, dejando que sus emociones se acumulen y revienten en determinado momento de su vida. Es aquí cuando me parece oportuno citar un aforismo mágico de Hermann Hesse:
"Lo blando es más fuerte que lo duro; el agua es más fuerte que la roca, el amor es más fuerte que la violencia"
Hace poco tuve la suerte de dictar una conferencia frente a 700 personas en la una universidad del norte del país y la presentadora me pregunta ¿cómo desea que lo presente? Esboce una sonrisa de complicidad y le dije, preséntame por mi nombre más nada. Somos reales no perfectos.
“Me asoma la imagen de una vara de mimbre: que se tuerce frente a la intemperancia del viento, y se mantiene erguida cuando pasa, sin romperse”
Fernando Carranza.
Escritor de Domingos y Feriados. Página 177.