Como el olor a rosas...
Cuando vomito líneas sobre un papel, no hago otra cosa que no sea hablar de ella. Suelo sublimizar hasta el hastió su ser, hago y deshago frases en virtud de cristalizar de la mejor manera su inefable femineidad de mujer en un verso. Quizá por eso he comenzado a pensar que nunca he escrito tanto en mi vida como cuando escribo sobre ella.
Entre espasmo sollozo y llanto concluyo que la mujer a la cual quise, hoy es tan solo una sombra crónica que acaece e incide en mi ser cada que las rapsodias gravitan mi cabeza, por eso hoy para darme ánimos quise hablar de mí, y quise hablar de mi no por vanidad sino para menoscabar mi carga emocional y hablar también del porqué ella en su momento me arrancaba el sabor de los labios o el porqué ella al margen de mirarme con deseo también a la par me miraba con amor.
...Yo tuve algo que los otro no, el solo hecho de matizar la pasión con el amor racional generaban en su fuero interno sensaciones que el amor banal no le había prodigado hasta el momento, quitarle la respiración con cada silencio vertido en la intimidad; era hablarle no con palabras sino con el alma desnuda y naturalmente eso a ella le gustaba.
El tono de voz, la palabra ceremoniosa, el rostro armonioso, la mirada decente, la rosa roja que antecede al poema y la caricia que predice el sexo fueron tan solo un poquito de lo que le agrado de mi...
Entre espasmo sollozo y llanto concluyo que la mujer a la cual quise, hoy es tan solo una sombra crónica que acaece e incide en mi ser cada que las rapsodias gravitan mi cabeza, por eso hoy para darme ánimos quise hablar de mí, y quise hablar de mi no por vanidad sino para menoscabar mi carga emocional y hablar también del porqué ella en su momento me arrancaba el sabor de los labios o el porqué ella al margen de mirarme con deseo también a la par me miraba con amor.
...Yo tuve algo que los otro no, el solo hecho de matizar la pasión con el amor racional generaban en su fuero interno sensaciones que el amor banal no le había prodigado hasta el momento, quitarle la respiración con cada silencio vertido en la intimidad; era hablarle no con palabras sino con el alma desnuda y naturalmente eso a ella le gustaba.
El tono de voz, la palabra ceremoniosa, el rostro armonioso, la mirada decente, la rosa roja que antecede al poema y la caricia que predice el sexo fueron tan solo un poquito de lo que le agrado de mi...
A veces va pasando el tiempo y vas olvidando cosas pero a veces hay cosas que no se olvidan ..."como el olor a rosas"
Fernando Carranza. Escritor de domingos y feriados.
